La Gran Caída de la Felicidad en Estados Unidos: Un Cambio de Régimen Inédito
El impacto de la pandemia y la brecha de aspiraciones redefinen el bienestar en la sociedad estadounidense

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Sam Peltzman, economista emérito de la Universidad de Chicago, ha descubierto que la felicidad de los estadounidenses ha caído a su nivel más bajo en 50 años, tras un desplome sin precedentes provocado por la pandemia de COVID-19.
Este fenómeno no solo refleja un cambio en las cifras, sino una transformación profunda en los mecanismos que generan la felicidad, con consecuencias sociales, económicas y de salud que podrían marcar el rumbo de la próxima década.
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Un desplome histórico en la felicidad estadounidense
Desde 1972, la Encuesta Social General ha preguntado a los estadounidenses si se sienten felices, manteniendo un índice estable alrededor de +20 puntos. Sin embargo, en 2020, la felicidad cayó 22.2 puntos, la mayor caída registrada, con más personas diciendo estar “poco felices” que “muy felices”. Aunque ha habido una leve recuperación, el índice sigue en niveles históricamente bajos.
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La brecha de aspiraciones: la raíz del descontento
El economista Andrew Clark y otros expertos explican que la satisfacción no depende solo del ingreso absoluto, sino de la comparación con las expectativas razonables según edad y educación. La expansión masiva de la educación superior ha diluido el valor de los títulos, generando una clase de 'élite sobrepoblada' que se siente frustrada al no alcanzar las promesas de éxito.
- El 33% de los graduados universitarios están en el tercio inferior de ingresos relativos.
- El patrimonio neto considerado 'rico' ha aumentado a 2.3 millones de dólares.
- Los precios de la vivienda han subido más del 400% desde 1990, superando el crecimiento de ingresos.
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¿Quiénes sufren más la caída?
Contrario a lo esperado, los más afectados por la caída en felicidad son los más educados y con mayores ingresos, quienes tenían las expectativas más altas. Los menos educados y con menores ingresos experimentaron un impacto menor, evidenciando que la frustración está ligada a la brecha entre expectativas y realidad.
“El mayor descenso se da entre los más educados, aquellos que habían alcanzado el sueño, mientras que los menos educados sufrieron menos.”—Sam Peltzman
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La sociedad de la felicidad segregada y sus consecuencias
El matrimonio emerge como un factor clave para la felicidad, con un 'premium marital' que se mantiene estable. Sin embargo, la felicidad de los no casados ha caído drásticamente, creando una sociedad dividida donde casi la mitad de los adultos no casados están significativamente menos felices.
Esta división social puede tener consecuencias políticas y sociales profundas, alimentando la polarización, la desconfianza y la insularidad, que erosionan el tejido social y dificultan el progreso colectivo.
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Mirando hacia el futuro: ¿cómo cerrar la brecha?
Peltzman advierte que es imprescindible reconocer que algo fundamental ha cambiado. La solución no vendrá de cifras económicas aisladas, sino de reconstruir la confianza y el sentido de pertenencia a través de instituciones, comunidades y relaciones que validen la posición de las personas en la sociedad.
Iniciativas como fortalecer el apoyo financiero a empleados, fomentar la conexión emocional y escuchar a las comunidades son pasos esenciales para cerrar la brecha de aspiraciones y recuperar la felicidad colectiva.



