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May 2, 2026

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Generación Z y la 'disillusionomics': ¿Cómo enfrentan un futuro económico incierto?

La generación nacida en plena crisis financiera redefine sus hábitos económicos y expectativas de vida.

LAT Editorial Team

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Business
Generación Z y la 'disillusionomics': ¿Cómo enfrentan un futuro económico incierto?
Photo credits: Fortune

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La Generación Z, que creció en un contexto de crisis económica y cambios profundos, está adoptando hábitos financieros muy distintos a los de generaciones anteriores. Mientras los millennials vivieron la Gran Recesión de 2008, los zoomers enfrentan una realidad marcada por la incertidumbre y la desconfianza hacia las instituciones tradicionales.

Este fenómeno, denominado 'disillusionomics' por la economista Alice Lassman, refleja una mezcla de rechazo a la prudencia financiera convencional y una adaptación creativa a un sistema económico que parece no ofrecerles las mismas oportunidades de estabilidad y prosperidad.

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¿Qué es la 'disillusionomics' y por qué define a la Generación Z?

Alice Lassman, economista y miembro de la Generación Z, acuñó el término 'disillusionomics' para describir cómo esta generación enfrenta un futuro económico lleno de incertidumbre. A diferencia de los millennials, que vivieron la crisis financiera en su juventud, los zoomers crecieron con la sensación de una crisis perpetua, lo que ha moldeado su visión y comportamiento financiero.

Esta perspectiva se traduce en una mezcla de escepticismo hacia las promesas económicas tradicionales y una búsqueda constante de nuevas formas de generar ingresos, desde el 'house hacking' hasta la creación de contenido digital como fuente de ingresos pasivos.

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El auge de los 'doom spenders' y la economía YOLO

La Generación Z ha sido apodada 'doom spenders' por su tendencia a gastar en experiencias como conciertos y viajes internacionales, reflejando una filosofía de vida 'You Only Live Once' (YOLO). Sin embargo, a pesar de este gasto, su deuda personal promedio es la más alta entre todas las generaciones, alcanzando los 94,101 dólares.

Este comportamiento no es simplemente una mala gestión financiera juvenil, sino una respuesta compleja a un sistema económico que no les garantiza estabilidad ni seguridad a largo plazo.

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Desconfianza y rechazo a las instituciones tradicionales

La desilusión con el sistema económico se extiende a la desconfianza hacia gobiernos, medios y empresas. Muchos jóvenes consideran inalcanzables metas como la compra de una vivienda o formar una familia, y un tercio de ellos cree que nunca podrá ser propietario de una casa.

“El sistema económico del que hablan sus padres no funcionará para ellos de la misma manera.”Alice Lassman

Esta realidad ha llevado a algunos a adoptar actitudes más hostiles, como el robo en tiendas físicas y online, justificándolo como una forma de resistencia contra corporaciones que pueden absorber pérdidas.

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Nuevas estrategias financieras y consumo consciente

Frente a la reducción de caminos convencionales hacia la estabilidad, la Generación Z explora alternativas como el uso de servicios 'compra ahora, paga después' y la diversificación de ingresos. Además, muestran una fuerte preferencia por el consumo basado en el valor, la sostenibilidad y la durabilidad, rechazando el lujo superficial en favor de opciones más accesibles y responsables.

Kelly Pedersen, líder global de retail en PwC, destaca que aunque esta generación tiene un crecimiento de ingresos alto, su gasto ha disminuido, reflejando una mentalidad muy consciente y selectiva.

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Mirando hacia el futuro: ¿qué significa todo esto para la economía?

La 'disillusionomics' y el nihilismo económico emergente indican que la Generación Z está redefiniendo las reglas del juego financiero. Al gamificar sus finanzas y buscar nuevas fuentes de ingresos, están creando modelos económicos alternativos que desafían las estructuras tradicionales.

“Mucho de esto es reactivo, pero están definiendo sus propias fuentes de ingresos y, sin saberlo, moldeando el siglo XXI.”Alice Lassman

Este cambio plantea importantes preguntas sobre cómo las instituciones y mercados deberán adaptarse para atender a una generación que no cree en las promesas económicas del pasado y que busca construir su futuro bajo sus propias reglas.

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